Cuando cada cuerpo es un universo: la relatividad delmovimiento y los sistemas complejos

Cuando cada cuerpo es un universo: la relatividad del movimiento y los sistemas complejos

la relatividad del movimiento

Durante décadas la rehabilitación de lesiones se construyó sobre una idea sencilla: el cuerpo funciona como una máquina. Si una pieza se rompe, se repara. Si un movimiento falla, se corrige. Bajo esta lógica, el objetivo era devolver al deportista a un patrón considerado “normal”, estable y técnicamente correcto. Pero la ciencia, una vez más como aquella madre que nos decía ¨¿A qué voy yo y lo encuentro?¨; nos obligó a mirar de nuevo. Y al mirar de cerca, descubrimos que el cuerpo se parecía menos a un engranaje y más a un universo desconocido, o como lo llaman ahora, un ¨sistema complejo¨.

Hoy sabemos que el cuerpo humano no es un mecanismo de relojería, sino un entramado de fuerzas invisibles y elementos interconectados: músculos, sistema nervioso, emociones y percepción, en interacción constante con el entorno de forma dinámica y no lineal. En este marco, el movimiento no se ejecuta siguiendo un programa rígido, sino que emerge como resultado de múltiples influencias simultáneas. El movimiento no nace de una orden, sino de
una conversación.

Esta nueva mirada guarda una curiosa analogía con la teoría de la relatividad. Así como Einstein demostró que no existe un tiempo absoluto válido para todos los observadores, el enfoque de los sistemas complejos sugiere que no existe un único movimiento correcto aplicable a todos los cuerpos. Cada persona habita su propio “universo motor”.

Cada lesión, una historia distinta

Como en la Teoría de la Relatividad, no existe un tiempo único ni una verdad absoluta, cada cuerpo responde desde su propia referencia. Dos deportistas pueden compartir diagnóstico: rotura del ligamento cruzado anterior, esguince de tobillo, lesión muscular, pueden tener la misma edad, entrenar el mismo deporte y seguir un programa similar. Sin embargo, su recuperación nunca será idéntica. Uno progresa rápido, el otro se estanca. Uno vuelve con
confianza, el otro con temor.

La razón de esto no solo reside en el tejido lesionado, sino en la historia que cuenta el sistema. El cuerpo llega a la lesión condicionado por una historia previa: años de entrenamiento, patrones de movimiento adquiridos, experiencias de dolor, niveles de estrés, expectativas y miedos. Todo eso influye en cómo el sistema se reorganiza.

El mismo salto no pesa igual en dos cuerpos distintos. El mismo gesto puede ser libertad en uno y amenaza en otro. El ¨ahora¨ del cuerpo depende de cómo ha viajado hasta aquí y eso marcará la recuperación del paciente.

En un sistema complejo, el estado actual depende del camino recorrido. No importa solo dónde está el cuerpo, sino cómo ha llegado hasta ahí. Por eso, el mismo ejercicio puede generar efectos distintos según el momento, la fatiga o el contexto emocional del deportista.

modelo multifactorial del dolor antonio abad alandalus

Figura 1: Modelo multifactorial del dolor

Nota. Reproducido de Can biomechanics research lead to more effective treatment of low back pain? A point-counterpoint debate, por Cholewicki et al., 2019, Journal of Orthopaedic & Sports Physical Therapy, 49(6), 425–436. https://doi.org/10.2519/jospt.2019.8825

Del gesto perfecto a la adaptación

Durante mucho tiempo se persiguió un ideal técnico: el salto “correcto”, la carrera “óptima”, el aterrizaje “seguro”. Cualquier variación en la ejecución de una técnica se entendía como un error. Hoy, en cambio, se está empezando a aceptar que la variabilidad en el movimiento no es un fallo del sistema, sino una de sus principales fortalezas.

Un cuerpo sano no es el que repite siempre el mismo movimiento de forma exacta a la anterior, sino el que es capaz de resolver una misma tarea de múltiples maneras. Correr no es reproducir una coreografía, sino adaptarse al terreno, al rival, a la velocidad y a la fatiga. Cada paso que damos es una nueva solución en un mundo que cambia de forma constante.
Desde esta perspectiva, la rehabilitación no busca imponer un patrón, sino ampliar el repertorio de soluciones del sistema a una tarea. El objetivo no es que el deportista se mueva “bonito”, sino que sea capaz de moverse de forma eficaz en situaciones cambiantes.

El papel del entorno y la incertidumbre

El movimiento no ocurre en el vacío. Depende de la tarea (saltar, frenar, cambiar de dirección), del entorno (superficie, espacio, estímulos) y del propio organismo. Estos tres factores se conocen como restricciones del sistema (o constreñimientos).

Modificar una de ellas cambia el resultado. Un mismo cuerpo se mueve distinto en el gimnasio que en el campo de juego. El gimnasio es un cielo ordenado: pesos que no responden, suelos que no atacan, tiempos que se repiten. El juego, en cambio, es un cosmos caótico: rivales que aparecen, decisiones que no esperan, superficies que traicionan.

Uno de los problemas clásicos en la vuelta al deporte (return to play) es la brecha entre ambos mundos. Cuando ambos universos se encuentran, el deportista debe de estar fuerte, coordinado y sin dolor en situaciones controladas, pero aún no preparado para la verdadera complejidad del juego. Entonces, el cuerpo debe reorganizarse. A veces lo logra. A veces colapsa. En ese choque puede nacer una recaída… o un Big Bang de nuevas capacidades.

Ese choque es lo que muchos profesionales describen como un “salto de fase”: un cambio brusco en la organización del movimiento. Puede traducirse en una nueva estrategia motora o, en el peor de los casos, en una recaída.

Las variables invisibles

En los sistemas complejos existen elementos que no siempre se ven, pero influyen de forma decisiva. En el cuerpo, estos elementos suelen ser emocionales y perceptivos: miedo al contacto, inseguridad, recuerdo de la lesión, presión por volver rápido.
Estas “nebulosas” internas no son ruido que deba eliminarse o ignorar, sino que son parte del sistema. Ignorarlas es tan ingenuo como entrenar solo la musculatura sin tener en cuenta la toma de decisiones o los ojos que leen el entorno. ¿Quién intentaría entender el clima estudiando solo las nubes y nunca el viento?

El dolor, además, no es solo un indicador de daño, sino una experiencia modulada por el cerebro que se encarga de interpretar lo que sucede. Dos personas con el mismo estímulo pueden sentirlo de forma distinta. Porque la realidad no es absoluta, y la percepción tampoco.

Diseñar contextos, no movimientos

Desde esta visión, la readaptación deja de ser una ¨simple¨ reparación y comienza a ser un viaje para el atleta. No hay un punto fijo al que regresar ni una órbita universal que repetir. El educador físico se encarga de construir los cielos, modifica el espacio donde el cuerpo se mueve y cambia las condiciones para que este descubra nuevas formas de girar.

El trabajo del readaptador deja de ser el de un mero corrector de gestos y pasa a ser el de un diseñador de contextos, encargado de aportar al cerebro del deportista multitud de soluciones ante una simple tarea motriz. En lugar de ordenar cómo debe moverse el cuerpo, crea situaciones que lo inviten a adaptarse: variaciones de tarea, cambios de ritmo, incertidumbre progresiva, toma de decisiones bajo carga.

El movimiento no se programa, se autoorganiza. El sistema busca soluciones cuando las condiciones cambian, igual que un planeta encuentra su órbita cuando cambian las fuerzas que actúan sobre él.

La clave ya no es repetir, sino explorar. No es eliminar la variabilidad, sino aprender a ser estable dentro de ella.

Una nueva manera de entender la recuperación

Comprender el cuerpo como un sistema complejo obliga a abandonar las recetas universales, ya no existe un único camino o no existen protocolos mágicos que sirvan para todos. Cada proceso de rehabilitación es único porque cada sistema lo es.

Esto no significa renunciar a la ciencia ni al método, sino aplicar ambos con flexibilidad. Significa aceptar que la recuperación no es una línea recta, sino una trayectoria con avances, retrocesos y reorganizaciones.

Al igual que en la relatividad no hay un único tiempo válido para todos los observadores, en la readaptación no hay un único camino válido para todos los cuerpos. Cada persona vive su propio “ahora”, su propio proceso, su propia forma de volver a moverse.

Quizá por eso la relatividad no solo habla del tiempo y del espacio, sino también de nosotros. Porque moverse, como vivir, nunca ocurre desde un punto fijo. Cada cuerpo observa el mundo desde su propia órbita, siente el peso de la gravedad de su historia y avanza según las fuerzas que lo atraviesan. En los sistemas complejos, como en el
universo, no hay trayectorias rectas ni verdades únicas: hay encuentros, desequilibrios y reorganizaciones.

Comprender el movimiento desde esta mirada es aceptar que sanar no es volver al lugar de antes, sino aprender a habitar otro. Que entrenar no es imponer una forma, sino crear condiciones para que surjan muchas. Y que cada cuerpo, al moverse, escribe su propia teoría de la relatividad: una donde el pasado influye en el presente, donde la percepción cambia la realidad y donde la adaptación es la única ley constante.

Así, entre galaxias y articulaciones, entre órbitas y pasos, la ciencia nos recuerda que todo sistema que vive se transforma, y que cada transformación es, en el fondo, una nueva historia para este sistema tan complejo que llamamos ¨cuerpo¨.

Referencias

Cholewicki J, Breen A, Popovich JM Jr, Reeves NP, Sahrmann SA, van Dillen LR, Vleeming A, Hodges PW. Can Biomechanics Research Lead to More Effective Treatment of Low Back Pain? A Point-Counterpoint Debate. J Orthop Sports Phys Ther. 2019 Jun;49(6):425-436. doi: 10.2519/jospt.2019.8825. Epub 2019 May 15. PMID: 31092123; PMCID: PMC7394249.

antonio abad entrenador alandalus huelva

Antonio Abad Fernández

Graduado en Ciencias de la Actividad Física y el deporte. Univ. de Huelva
Entrenador Personal
Entrenador Grupos Salud
Entrenador Específico Fútbol

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